“Os pementos de Padrón, uns pican e outros non.”
Quien ha probado este clásico gallego sabe que no es solo un dicho popular: es una advertencia disfrazada de juego. Pero, ¿qué hace que unos pimientos piquen y otros no?
Todo se reduce a una sustancia: la capsaicina, responsable del ardor en los pimientos picantes. En los de Padrón, su presencia es irregular. Y eso se debe a varios factores naturales: el calor, la falta de agua, la exposición directa al sol o incluso la madurez del fruto. Cuanto más calor y menos agua durante el cultivo, mayor es la posibilidad de que alguno pique. Pero no hay truco infalible: el azar siempre forma parte del plato.
De América a Herbón: el origen del picante más gallego
Aunque hoy son emblema de Galicia, estos pimientos cruzaron el océano en el siglo XVII, cuando los frailes franciscanos del convento de Herbón los trajeron desde América. Adaptados al clima húmedo del valle del Ulla, pronto desarrollaron características propias. Así nació un producto único, cultivado con esmero en pequeñas fincas y convertido, con los años, en seña de identidad.

D.O.P. Pemento de Herbón: proteger lo auténtico
Desde 2009, los auténticos pimientos gallegos que pican (o no) están protegidos bajo la Denominación de Origen Protegida Pemento de Herbón. Esta certificación garantiza no solo su procedencia, sino también las técnicas tradicionales de cultivo: siembra manual, recogida al alba, riego controlado y un respeto absoluto por los tiempos de la tierra.
Solo pueden llevar esta distinción los pimientos cultivados en cinco parroquias del entorno de Padrón. Así se cuida un sabor que no se imita.
¿Cómo saber si uno picará?
No hay una regla fija. Hay quien dice que los más grandes pican más. Otros se fijan en el brillo, en el color, en la textura. Pero la verdad es que el picor no avisa. Dos pimientos idénticos pueden tener resultados muy distintos. Eso forma parte de su encanto… y de su leyenda.
Cómo se preparan en Galicia
Fritos enteros en aceite de oliva caliente, hasta que la piel se arruga y la carne se ablanda. Luego, un toque de sal gorda por encima y listos. Así se sirven en tabernas, fiestas, terrazas y casas de todo el país. A menudo acompañan platos como el raxo con patatas o la zorza gallega, pero también se disfrutan solos, como aperitivo con una caña o un albariño bien frío.
Más que un picante: un símbolo gallego
Los pimientos de Padrón no son solo un producto agrícola. Son parte de la cultura gallega: están en sus refranes, en sus sobremesas, en las fiestas populares y hasta en el carácter. Representan esa mezcla de humor, tradición, sorpresa y sabor que tan bien define a Galicia. No se les teme, se les respeta. Y siempre se comparte la ración, por si toca el que pica.
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