Receta tradicional de las gambas al ajillo

Gambas al ajillo

Pocas recetas dependen tanto del control del fuego como las gambas al ajillo. El ajo debe perfumar el aceite sin amargar y las gambas han de quedar opacas, todavía jugosas, tras apenas unos minutos. La cazuela se retira algo antes del punto final porque el barro y el aceite conservan mucho calor.

Resumen de la receta

Tiempo 15 min
Dificultad Fácil
Raciones 4
Por ración 265 kcal

Ingredientes

  • 600 g de gambas peladas
  • 6 dientes de ajo
  • 90 ml de aceite de oliva virgen extra
  • 1 guindilla seca
  • 15 g de perejil
  • 6 g de sal

Valores nutricionales

Calorías
265 kcal
Proteínas
27 g
Hidratos
2 g
Grasas
18 g
Fibra
0.4 g

Elaboración paso a paso

  1. 1

    Preparar

    Retira intestinos visibles, seca las gambas y sazona ligeramente.

  2. 2

    Aromatizar

    Calienta aceite con ajo laminado y guindilla hasta que el ajo empiece a dorarse.

  3. 3

    Cocinar

    Añade las gambas en una capa y cocina entre dos y tres minutos, removiendo una vez.

  4. 4

    Servir

    Retira del fuego antes de que se resequen, añade perejil y sirve de inmediato.

Preguntas frecuentes sobre la receta de Gambas al ajillo

¿Puede usarse gamba congelada?

Sí, descongelada en frío y bien escurrida.

¿Por qué sueltan agua?

Por descongelación incompleta, falta de secado o exceso de piezas en la cazuela.

¿Puede hacerse sin cazuela de barro?

Sí, en una sartén amplia, reduciendo el efecto del calor residual.

Curiosidades y más información sobre la receta

El calor de la cazuela

El barro conserva calor después de apartarlo del fuego. Conviene servir en cuanto las gambas estén cocinadas en el centro, sin dejarlas esperando dentro del aceite caliente; ese calor acumulado puede endurecerlas.

Aroma sin amargor

El ajo pasa de dorado a quemado en pocos segundos. Si alcanza el color antes de añadir las gambas, se retira y vuelve a la cazuela al final.

Láminas de ajo regulares

Cortar el ajo con un grosor parecido permite dorarlo de manera más uniforme. Las puntas muy finas se queman antes que el resto; retirarlas a tiempo evita que un pequeño trozo amargue el aceite que se sirve con las gambas.

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