Recetas con carne al horno
Asados de cerdo y ternera, pollo, cordero, cabrito y piezas para ocasiones especiales permiten aprovechar el horno de formas muy distintas. En esta selección encontrarás desde costillas, lomo, solomillo o panceta hasta roast beef, redondo, jarrete, cochinillo, capón y cortes de pollo. Cada carne necesita un tratamiento diferente: algunas piezas agradecen una cocción pausada, mientras que otras dependen de controlar con precisión el punto. Elegir bien el corte y adaptar la preparación a su tamaño, grasa y presencia de hueso es la base para obtener un buen resultado.
No todas las carnes se benefician del mismo tipo de horneado. Un solomillo de ternera, unas costillas de cerdo, un jarrete y un pollo entero plantean necesidades diferentes. Antes de elegir la receta conviene fijarse en el corte, su grosor, la cantidad de grasa y tejido conjuntivo, si tiene hueso y el punto final que se busca.
En cerdo hay diferencias especialmente claras. Cortes relativamente magros como el lomo necesitan evitar una cocción excesiva, mientras que costillas, panceta, paleta, codillo o aguja permiten planteamientos distintos por su proporción de grasa y tejido conjuntivo. El secreto, la pluma y la presa tampoco deben tratarse automáticamente como un lomo: su infiltración y forma condicionan cómo responden al calor.
Las piezas grandes necesitan cocinarse pensando en su grosor, no solo en su peso. Un redondo de ternera, un roast beef o un solomillo Wellington pueden dorarse exteriormente mientras el calor continúa avanzando hacia el centro. Un termómetro de cocina resulta especialmente útil en estos casos porque permite controlar el interior sin depender únicamente del color de la superficie o de un tiempo fijo.
En cambio, cortes como el jarrete, la falda o determinadas piezas de aguja contienen más tejido conjuntivo. Aquí el objetivo culinario puede ser diferente: interesa conseguir una textura tierna mediante una cocción adecuada al corte, en lugar de aplicar el mismo criterio que utilizaríamos para una pieza destinada a servirse rosada en el centro.
El hueso también cambia la preparación. Chuletas, costillas, muslos de pollo, cabrito o cordero pueden presentar grosores irregulares y zonas que avanzan a distinto ritmo. Cuando se hornean varias piezas, elegir tamaños semejantes facilita controlar el conjunto. En aves, además, pechuga y muslos no tienen las mismas características, algo importante cuando se asa un pollo, un capón o un Gallo de Mos entero.
La grasa exterior no siempre debe eliminarse antes de cocinar. En cortes que presentan una cobertura grasa puede formar parte del propio asado y proteger determinadas zonas de la carne. Otra cuestión es el exceso de grasa que termina acumulándose en la fuente. La cantidad que interesa conservar depende de la pieza y del resultado buscado.
Para organizar un asado conviene valorar estos puntos:
- Pieza y grosor: determinan cómo llega el calor al centro y son más útiles que aplicar un tiempo genérico a cualquier carne.
- Hueso y distribución de la grasa: hacen que dos cortes de tamaño parecido puedan comportarse de forma diferente.
- Tamaño de la fuente: una bandeja excesivamente llena concentra humedad y dificulta el tostado.
- Salsas y glaseados: miel, barbacoa y otras preparaciones con azúcares pueden tomar color rápidamente y necesitan vigilancia.
- Guarnición: patatas, cebolla y verduras deben cortarse y organizarse teniendo en cuenta cuánto tardarán respecto a la carne.
Las patatas funcionan especialmente bien con piezas que generan jugos durante el asado, como lomo, secreto, codillo, paleta, pollo o determinadas preparaciones de cordero y cabrito. Sin embargo, introducirlas al mismo tiempo no garantiza que estén listas a la vez. El tamaño del corte de la patata debe adaptarse a la duración prevista del asado; también puede ser necesario incorporarla en un momento diferente según la receta.
Las costillas merecen un tratamiento propio. El resultado no depende únicamente de que la superficie quede tostada, sino también de la textura que se quiera conseguir alrededor del hueso. Además, una salsa barbacoa y un glaseado de miel y mostaza reaccionan de manera diferente al calor que unas costillas adobadas. Cuando hay ingredientes que se caramelizan con facilidad, el aspecto exterior debe vigilarse sin confundir un glaseado oscuro con el punto interior de la carne.
El reposo es especialmente relevante en piezas que posteriormente se cortan en lonchas. Al sacar un roast beef, un redondo, un lomo o un solomillo del horno, la temperatura interior no se iguala instantáneamente con la exterior. Cortar inmediatamente también favorece la salida de jugos sobre la tabla. El tiempo adecuado de reposo depende del tamaño y del tipo de preparación, por lo que no existe una duración única válida para todos los asados.
Cuando se busca una superficie crujiente, como en el cochinillo, la humedad superficial y la exposición de la piel al calor adquieren especial importancia. Es un objetivo distinto al de una carne cocinada parcialmente en sus jugos o acompañada de abundante salsa. Por eso añadir líquido indiscriminadamente a cualquier asado puede perjudicar precisamente el acabado que se pretende conseguir.
Las sobras deben aprovecharse atendiendo a la pieza original. Una carne asada que pueda cortarse en lonchas ofrece usos diferentes a unas costillas o a un pollo asado. También conviene guardar por separado las guarniciones cuando interese conservar texturas distintas. Para recalentar, las carnes magras necesitan especial cuidado: prolongar de nuevo la exposición al calor puede secarlas, mientras que otras preparaciones con salsa o mayor contenido de grasa admiten un recalentado diferente.
Asados y otras carnes para preparar en el horno
Cochinillo al horno con la piel crujiente
Codillo asado con chucrut y puré de patata
Empanada de carne de cerdo
Empanada de pollo
Empanada de ternera
Lacón asado al horno
Lomo de cerdo al horno con patatas
Lomo de cerdo asado
Pluma de cerdo al horno con patatas
Pollo a la parmesana
Solomillo de ternera al horno
Ternera asada al horno
Albóndigas al horno
Arroz con costillas y verduras
Canelones de pollo
Choco al horno relleno de jamón y queso
Cordero al horno
Empanadillas de chorizo
Empanadillas de jamón y queso
Lomo de cerdo con miel y mostaza
Lomo de cerdo relleno de espinacas y queso
Redondo de ternera al horno
Aguja de ternera al horno
Alitas de pollo con miel y mostaza
Alitas de pollo picantes
Arroz al horno a la valenciana
Arroz con costra
Berenjenas gratinadas con carne de ternera
Calabacín relleno de pollo
Calabacines rellenos de carne
Canelones de carne
Canelones de cocido
Capón asado con patatas
Chuletas de cerdo al horno con patatas
Chuletas de ternera al horno
Codillo de cerdo asado al horno con patatas y cebolla
Contramuslos de pollo al horno
Costilla de cerdo adobada a la gallega
Costillas de cerdo al estilo tex-mex
Costillas de cerdo al horno con miel y mostaza
Costillas de cerdo al horno con salsa barbacoa
Empanada de chorizo
Empanada de jamón y queso
Empanada de lacón con grelos
Empanada de lomo de cerdo
Empanada de ternera asada
Empanada de zorza
Empanadillas de carne
Empanadillas de lacón y grelos
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Antes de ponerte a cocinar
Preguntas frecuentes
¿Qué carne es mejor para hacer al horno?
Depende del tipo de asado que quieras preparar. Cerdo, ternera, pollo, cordero y cabrito ofrecen cortes adecuados para el horno, pero con resultados muy diferentes. Costillas, codillo o jarrete permiten preparaciones distintas a las de un solomillo, un lomo o un roast beef. Más que buscar una única carne "mejor", conviene elegir el corte según el punto, la textura y el tipo de plato que quieras conseguir.
¿Qué cortes de cerdo quedan bien al horno?
Lomo, solomillo, costillas, panceta, secreto, pluma, codillo, aguja, paleta y presa son algunas de las opciones que aparecen en esta selección. No deben cocinarse todas de la misma manera. Lomo y solomillo son relativamente magros, mientras que panceta, costillas, codillo o paleta presentan una distribución diferente de grasa y tejido conjuntivo y permiten plantear otro tipo de cocción.
¿Qué cortes de ternera son adecuados para asar?
Depende del resultado buscado. Solomillo y roast beef permiten preparaciones en las que el punto interior tiene especial importancia. Redondo, picaña, chuletas, falda, aguja y jarrete ofrecen características distintas y requieren adaptar la técnica. Antes de escoger conviene decidir si quieres una pieza para cortar en lonchas, un corte con hueso o una carne cuya textura dependa de una cocción más prolongada.
¿Cómo evitar que la carne se seque en el horno?
Hay que adaptar la cocción al corte y evitar prolongarla simplemente para asegurarse de que la carne está hecha. Los cortes magros tienen menos margen frente a una cocción excesiva que otros con mayor cantidad de grasa y tejido conjuntivo. El grosor también importa. En piezas grandes, controlar la temperatura interior proporciona una referencia mucho más útil que utilizar exclusivamente el tiempo o el color exterior.
¿Cómo saber si una carne al horno está en su punto?
En piezas gruesas, un termómetro de cocina es la herramienta más precisa para conocer la temperatura interior sin tener que cortar continuamente la carne. La medición debe hacerse en una zona representativa de la pieza y evitando apoyar la sonda sobre el hueso. El punto adecuado dependerá del tipo de carne, del corte y de la preparación, por lo que no existe una única referencia válida para todas las recetas.
¿Por qué una carne queda dura después de hornearla?
Una posible causa es haber utilizado una cocción poco adecuada para el corte. No todas las piezas se ablandan siguiendo el mismo proceso. Cortes con bastante tejido conjuntivo, como determinados jarretes, agujas o piezas similares, tienen necesidades diferentes a las de un solomillo. Una carne también puede resultar desagradablemente seca y firme si un corte magro se mantiene demasiado tiempo expuesto al calor.
¿Es mejor asar carne con hueso o sin hueso?
Ninguna opción es siempre mejor. El hueso condiciona la forma de la pieza y hace que el calor no se distribuya exactamente igual que en un corte deshuesado. Costillas, chuletas, muslos, cordero o cabrito son buenos ejemplos. Las piezas deshuesadas suelen ser más fáciles de cortar posteriormente en porciones regulares, pero la elección debe responder principalmente a la receta que quieras preparar.
¿Hay que dorar la carne antes de meterla en el horno?
No siempre. Algunas recetas pueden beneficiarse de un dorado previo, mientras que otras consiguen el acabado buscado directamente durante el horneado. Depende del tamaño de la pieza, de la técnica y de si después se cocinará con salsa, guarnición o algún tipo de cobertura. No debe considerarse un paso obligatorio para cualquier carne que vaya a prepararse en el horno.
¿Qué diferencia hay entre asar lomo y solomillo de cerdo?
Son piezas diferentes y no conviene intercambiarlas manteniendo automáticamente el mismo método. El solomillo tiene una forma relativamente estrecha y un grosor que cambia a lo largo de la pieza, mientras que el lomo puede presentarse en cortes considerablemente mayores. Ambos son relativamente magros, por lo que controlar el punto resulta especialmente importante para evitar una cocción excesiva.
¿Cómo conseguir unas costillas tiernas en el horno?
La textura depende del tipo y grosor de las costillas y de cómo se gestione la cocción. No basta con conseguir que la salsa esté tostada. La carne alrededor del hueso necesita alcanzar la textura buscada antes de dar por terminado el plato. Si llevan barbacoa, miel u otro glaseado con azúcares, también hay que evitar que la superficie se oscurezca demasiado pronto.
¿Cuándo se añade la salsa barbacoa a la carne al horno?
Depende de la receta, pero hay que tener presente que una salsa barbacoa puede contener ingredientes que se oscurecen rápidamente. Cubrir una carne con abundante salsa durante toda una cocción prolongada no produce el mismo resultado que incorporarla en otra fase. En costillas o panceta conviene seguir la estrategia de la receta y vigilar el color del glaseado durante el horneado.
¿Puedo hacer carne al horno con patatas en la misma fuente?
Sí, y es una combinación especialmente útil en asados de cerdo, pollo, cordero o cabrito. La clave está en coordinar ambas cocciones. Unas patatas grandes pueden necesitar más tiempo que determinados cortes de carne, mientras que unas demasiado pequeñas pueden deshacerse durante un asado prolongado. El tamaño y el momento de incorporación deben adaptarse a la pieza principal.
¿Por qué se acumula tanto líquido en la fuente del asado?
La propia carne, algunas verduras y determinados ingredientes liberan agua durante la cocción. Además, una fuente muy llena dificulta la evaporación. Esto no supone necesariamente un problema si la receta busca mantener jugos o formar una salsa, pero sí puede serlo cuando se pretende conseguir una superficie muy tostada o una piel crujiente.
¿Conviene quitar la grasa de la carne antes de hornearla?
No necesariamente. En algunos cortes, la grasa exterior forma parte del comportamiento de la pieza durante el asado y retirarla por completo puede modificar el resultado. Sí puede interesar eliminar excesos concretos según el corte y la receta. La grasa de un roast beef, una panceta, una picaña o una presa no debe valorarse exactamente de la misma manera.
¿Cómo conseguir que el cochinillo quede crujiente por fuera?
La piel necesita una cocción orientada específicamente a conseguir ese acabado. La humedad superficial, la cantidad de líquido que entra en contacto con ella y su exposición al calor son factores importantes. Una piel que permanece mojada o sumergida no se comportará igual que una superficie expuesta al ambiente seco del horno. Por eso esta preparación requiere un tratamiento diferente al de un asado con abundante salsa.
¿Hay que dejar reposar la carne después de sacarla del horno?
En muchas piezas grandes resulta conveniente, especialmente cuando posteriormente se van a cortar en lonchas. El calor continúa distribuyéndose por la carne después de retirarla del horno y cortar inmediatamente puede favorecer que una mayor cantidad de jugos termine sobre la tabla. La duración adecuada depende del tamaño, grosor y tipo de pieza, por lo que no debe aplicarse un tiempo idéntico a cualquier asado.
¿Cómo se corta un asado para que resulte más tierno al comer?
Además de haber cocinado correctamente la pieza, importa la dirección del corte. En carnes con fibras claramente visibles suele resultar conveniente cortar transversalmente a ellas, lo que acorta las fibras que tendremos que masticar. La orientación puede cambiar dentro de algunas piezas, por lo que merece la pena observar la carne antes de empezar a lonchearla en lugar de cortar automáticamente siempre en la misma dirección.
¿Puedo cocinar dos tipos de carne juntos en el horno?
Es posible, pero solo resulta práctico cuando sus necesidades de cocción son compatibles. Unas costillas, una pechuga de pollo y un solomillo de ternera pueden requerir puntos y tiempos muy diferentes. Si se preparan simultáneamente, habrá que controlar cada pieza por separado y posiblemente introducirlas o retirarlas en momentos distintos. Compartir horno no implica que deban compartir exactamente la misma cocción.
¿Qué fuente es mejor para asar carne?
Depende de la preparación. Una bandeja amplia favorece la separación entre piezas y la evaporación, algo útil cuando interesa dorar. Una fuente más profunda contiene mejor los jugos, las salsas y las guarniciones abundantes. Para una pieza grande también importa que exista espacio suficiente alrededor de la carne. Elegir el recipiente únicamente por el tamaño de la pieza puede cambiar innecesariamente el resultado del asado.
¿Cómo evitar que la miel o los glaseados se quemen?
Hay que vigilar especialmente las fases en las que la superficie ya está cubierta por ingredientes ricos en azúcares. Miel, determinadas salsas barbacoa y otros glaseados pueden oscurecerse antes de que una pieza gruesa haya terminado de cocinarse. Según la receta, puede ser preferible incorporar o reforzar el glaseado en una fase posterior en vez de someter una capa abundante a toda la cocción.
¿Qué hago si la carne está muy dorada por fuera pero todavía no está lista dentro?
El exterior y el interior no avanzan necesariamente al mismo ritmo, especialmente en piezas grandes. Si la superficie ya ha alcanzado el color deseado, hay que evitar seguir intensificando innecesariamente ese dorado mientras termina la cocción interior. La solución concreta dependerá de la pieza y de la receta. Un termómetro ayuda a distinguir este problema de una carne que simplemente parece poco hecha por su aspecto.
¿Cómo recalentar carne asada sin secarla?
Conviene recalentar únicamente la cantidad que se vaya a consumir y evitar someter de nuevo toda la pieza a una cocción prolongada. Las carnes magras son especialmente sensibles al exceso de calor. Si el asado conserva sus propios jugos o salsa, estos pueden resultar útiles durante el recalentado. Una pieza destinada a servirse con un punto interior concreto requiere todavía más cuidado.
¿Qué puedo hacer con las sobras de carne al horno?
Depende del corte y de cómo estuviera condimentado. Las piezas que pueden lonchearse son útiles para bocadillos, platos fríos o preparaciones posteriores; otras carnes pueden desmenuzarse para rellenos, arroces o platos con salsa. Conviene aprovechar el sabor original en lugar de ocultarlo: unas sobras de carne con barbacoa, miel y mostaza o un adobo intenso condicionan qué preparación posterior encajará mejor.